Recorriendo el litoral uruguayo camino a Brasil, nos detuvimos en un hermoso paraje llamado La Paloma. Una ensenada de aguas azules dominada por un alto.
Cansados de conducir y hambrientos entramos a lo que parecía el único restaurant frente al mar, con el día cálido y la brisa del mar acariciando nuestra humanidad. Nos recibió una chica, preciosa; de profundos ojos café, cabellos negros, ondulados y boca cereza. Su sonrisa fue la mejor bienvenida al lugar. ¡Qué chica mas simpática!. Pedimos mesa para 4 y ella nos dio una de las mejores en una terraza frente al mar.
Al revisar la carta, teníamos dudas sobre como venían los platos y sus porciones. Le preguntamos a la ‘chica simpática’ pero ni ella misma lo sabía, pedía un momento cordialmente y corría a preguntar para volver con la respuesta, agitada pero siempre con su sonrisa que nos compraba por completo. Era evidente su inexperiencia y nerviosismo al momento de servir las bebidas y prepara la mesa. Su voz se dejó escuchar con una ternura diciéndonos:
–Perdón, perdón, por favor. Es que es mi primera semana aquí. Sin dejar de hacer malabares con las copas y sonriente.
–Todo bien, tranquila. Respondimos casi al unísono, teníamos un hambre infernal.
–Gracias, ¿Ustedes de donde son?. Preguntó curiosa.
–Bueno, yo español, yo francesa, yo también española y yo peruano. Dije al final de todas las presentaciones.
–¡Ah, mirá, que bueno!. De todas partes. Yo soy argentina.
–¡Mira tu!. Yo vivo en Buenos Aires, ¿De que parte de Argentina eres?. Le pregunté ahora más curioso.
–Soy de Buenos Aires, de provincia, Ramos Mejía. Se disculpo y desapareció con las ordenes.
Entendimos entonces porque la ‘chica bella’ no sabía de los platos típicos del Uruguay. Discutimos un momento tratando de adivinar la edad de la ‘chica bella’, hasta jugamos a saber su nombre. No debía tener más de 19 o 20 años. Que era muy joven, y esas cosas. Cuando volvió después de un largo rato con los platos mi obscena curiosidad no puedo contenerse más.
–¿Y que hace una chica, argentina, bonaerense y guapa perdida por estas costas?.
–Me vine hacer la temporada de verano–. Lo dijo nerviosa, la sangre se le subió a las mejillas haciéndola más linda sin dejar de sonreír.– Usted sabe la situación esta muy mala y hay que buscársela.
–¿Y como te llamas?, le preguntó Claire.
–Cecilia. Y volvió la ronda de presentaciones con nombre propio esta vez.
Empezamos a comer y nos olvidamos de la ‘chica bella’ que ahora es Cecilia. Concentrados en la charla y en saciar nuestro voraz apetito no nos percatamos que un grupo de 4 músicos se habían instalado en el lugar. En verdad estuvo fantástico el lugar y el show. Pasamos un lindo tiempo allí.
Dentro de los músicos se destacaba uno chico alto, flaco y medio desgabardado, el más joven, igual debería tener unos 20 años, no más. Lo que más llamó mi atención fue ver como la ‘chica bella’, Cecilia aplaudía emocionada cada vez que terminaba una canción. Las miradas de complicidad entre Cecilia y el flaco músico eran evidentes. El lenguaje del amor. Todo quedó confirmado cuando terminó el show, ella se acercó a él y en un momento le dio lo que parecía un llavero. El la abrazaba como protegiéndola y mimándola. Parecía decirle que todo estará bien. Y empezamos a especular sobre el tema y toda la escena brillante de amor a escondidas bajo un dintel camino a la cocina y los baños.
Lo cierto era que la ‘chica bella’, Cecilia, había huido de su casa con su novio, el flaco músico desgarbadado. Su familia era un infierno y lo único que no quería perder era el amor, su amor. A penas habían terminado el colegio y decidieron un día cruzar el río, con unos cuantos pesos y las mochilas llenas de amor para vivir su propia historia. El consiguió empleo como músico en el restó y en algunos otros más del pueblo, un día vio que el dueño también buscaba meseras para la temporada alta así entró Cecilia esa semana.
Toda la historia por un momento casi me sobrepasó y me llenó de ternura a la vez. ¡Por Dios!. ¡Aún hay gente que hace eso por amor!. Hay gente que tiene esa ilusión, sus sueños y lo apuesta todo para vivirlo, valiente y sin temor.
–Yo no lo haría ni loca, por más enamorada que este, sería como arruinarme la vida. Dijo Claire.
–¿Y la universidad?. Pero de algo tienes que vivir, de amor no se vive eso lo sabemos todos y a esa edad yo estaba ya en la facultad. Bramó el otro.
–Ellos terminarán regresando a sus casas, el amor se encuentra después, hoy es sólo eso una ilusión, pero es tierno ¿no?, finalizó la otra.
Por eso es como estamos. Ellos tienen lo que no nosotros no tenemos, están viviendo lo que nosotros nunca vivimos ni viviremos. Yo los admiro en verdad. Nosotros seguimos el molde, el patrón y miren como estamos hoy.
–Yo te respondería que tenemos todo lo que ellos no tienen y quizás no tendrán, cortó Claire con su dulce cinismo.
Nosotros no tenemos nada. Ellos tienen todo y son felices. El amor a los 20 es diferente que a nuestra edad. Nosotros no tenemos eso. Respondí y todo se quedó en silencio, un silencio incómodo de reflexión.
Cecilia nos trajo la cuenta. Y cada uno dejó algo más de lo debido. Le doy esto por ser valiente y tener ovarios, le dejo esto por el amor, yo le doy esto por el que debe estar asustado por todo, finalmente por lo que no fuimos y lo que sí son ellos.
Cecilia se quedó muda al ver lo que le dejamos. Venga, que eres una chica muy valiente, prométenos que te cuidarás. Esto es para ti, le dije. Sus ojos se llenaron de lágrimas, ahogó un gracias sin dejar de sonreír.

RAMMSES
Foto: La Paloma by ::.glutz08.::
Música: Macy Gray – Sweet Baby.